El lenguaje del dolor
mental equipara a todos los pueblos, a todas las razas, a todas las religiones, y a todas las ideas filosóficas y políticas, quien tiene dolor mental, no está tranquilo. Se devana los impulsos entre irse o quedarse, entre luchar o rendirse, entre vivir o morir.
Quien no lo ha vivido no sabe que ese dolor no te deja, te martiriza y martillea y le da igual lo que pase con tu vida.
Te explica que no haces nada aquí, que es mejor que te vayas, que nada ni nadie merece la pena.
Y tú menos que nadie.
Te minimiza de tal manera que te convence de que si te vas es la mejor de las soluciones.
Y no es verdad, eso no es ninguna solución.
Desaparecer no es descansar, ni estar muertos es una pasada.
Si te quedas, el mundo parecerá menos enfermo